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Que estamos inmersos en uno de los peores momentos de los últimos años, está lejos de toda duda. Que la situación laboral es más que delicada, estamos todos de acuerdo, y que las familias españolas tienen la soga al cuello es más que evidente. Ante este panorama, muchos ciudadanos se han encontrado con un panorama desesperante que muchas veces no saben como resolver, y buscan alternativas poco recomendables a la hora de conseguir dinero, y pagar las deudas.
La economía española y el sistema financiero han crecido de la mano, al igual que la construcción y el negocio inmobiliario. Esto produjo una especie de burbuja que se ha pinchado y ha dejado un reguero de damnificados e irremediablemente de deudores. Por lo tanto las familias españolas sumergidas en la angustia de no saber que ocurrirá con su futuro más próximo han quedado endeudadas, con un inmenso problema, carecen del dinero necesario para cancelar esos compromisos asumidos, y vivir al mismo tiempo.
En este punto, lo primero que se nos ocurre para salir de esta situación apremiante es pedir un préstamo para poder terminar de pagar otro. Esto irremediablemente se transformará en una bola de nieve que crecerá y tirará todas nuestras ilusiones y proyectos a la basura.
Si bien parece una locura, muchas familias lo hacen ante una situación de desesperación, que si por un momento nos detenemos a pensar, ni siquiera debería existir la posibilidad de que una entidad financiera pudiera otorgarlo por el simple motivo de que es un potencial moroso. Sin embargo ocurre.
Esta mala administración del dinero tiene como principio del problema un nulo presupuesto mensual de gastos fijos, una impulsiva tendencia al consumo, como también una propensión hacia el endeudamiento constante. Este coctel explosivo puede llevarnos a la ruina personal y de nuestra familia.
Lo cierto es que gran parte de los españoles tiene contratada una hipoteca o algún préstamo o crédito en una entidad financiera que hasta hace un tiempo, con mayor o menor holgura, abonaba cada mes amortizando ese capital. Con este caos fenomenal llamado crisis financiera internacional, el castillo de naipes ha caído y las deudas afloran por lo poros.
Lo primero que se nos ocurre es pedir otro préstamo. Ese es un error garrafal puesto que no solo nos endeudaremos por el primero, sino que deberemos pagar el capital, los intereses, las comisiones y todos los gastos que esto conlleva, y son muchos.
Además debemos comprender que las condiciones son cada vez más estrictas.
Por un lado la banca tiene cerrado el grifo prestamista y ostenta una tasa de morosidad sin precedentes, por lo que las entidades financieras eligen con lupa a quienes les prestará dinero y es casi nula la posibilidad que le preste a alguien que no puede hacer frente a deudas anteriores.
Otro punto que debemos tener en cuenta es que si solicitamos un crédito con garantía personal, el titular y los fiadores responderán personalmente con sus bienes por lo que estamos hipotecando no solo nuestro presente, sino el futuro de nuestra familia.
¿Entonces que opciones nos quedan?
- Muchos optan por refinanciar la deuda. Esto hace que paguemos cuotas menores en monto pero al alargarse el periodo para cancelar el préstamo, éste se encarece. Terminaremos pagando muchísimo dinero, tal vez por un crédito menor.
- Otros reunifican deudas si es que por ejemplo tienen una hipoteca y un préstamo al consumo o para un coche. Es un caso similar al anterior, nos endeudaremos por mucho tiempo.
- Una modalidad que ha tomado cierto impulso por el escaso acceso al crédito son los préstamos entre familiares o amigos. Lo cierto es que la informalidad de esta opción puede traer otro tipo de inconvenientes.
- La diversidad de opciones que ofrece el sistema le ha permitido a muchos pedir otro préstamo en una entidad diferente a la que le otorgó el primero. Estamos en la misma situación, o peor, porque debemos dinero en ambos lugares.
Si bien existe una variedad de respuestas, la más lógica pasa por intentar poner paños fríos a nuestra cabeza y sacar cuentas claras. En primer lugar
calcular cuanto es la deuda que nos falta cancelar. Luego, a través de un
presupuesto minucioso descifrar cuales son nuestros
ingresos ciertos y cuales son los gastos fijos para saber con que diferencia contamos para pagar esta deuda.
Además es fundamental disminuir el nivel de gastos innecesarios o prescindibles y destinarlos a cancelar este compromiso. Cuanto antes nos quitemos este problema, mejor viviremos.
Esta situación nos demuestra que mucha gente no tiene conciencia de su límite de endeudamiento, de sus ingresos y egresos y de la liviandad con que manejamos nuestras finanzas personales.
Autor. Matías Torres. Analista financiero de América del Sur de Financialred.com
Foto pfala
Comentarios
La refinanciaicón de la deuda puede ser una buena opción, aunque hay que ser conscientes que a la larga se termina pagando más en forma de intereses.