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Los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran un aumento de la tasa de ahorro de las familias en el tercer trimestre de 2008, coincidiendo con el estallido de la crisis financiera. Como es lógico, los españoles reaccionaron al aluvión de malas noticias negativas apretándose el cinturón y haciendo acopio de provisiones, por si acaso. La caída del consumo ha sido constante desde entonces y las históricas rebajas de invierno que ahora vivimos son sólo el reflejo de esta tendencia (y pese a todo se gastará menos durante este periodo que en 2007).
El miedo generado por la crisis ha llevado a muchos españoles a tomar conciencia de lo importante que es controlar sus finanzas personales y consumir de forma más planificada. De hecho, esta introducción forzosa de muchos ciudadanos al mundo económico es quizás el mayor beneficio que obtendrá la sociedad de la actual depresión. Por el momento, la tasa de ahorro de los hogares ha aumentado hasta el 9,6% de la renta disponible en el tercer trimestre de 2008, lo que supone un repunte de 5,1 puntos en relación a 2007, algo que no se veía desde 2003. Pero todavía más ha crecido la renta disponible, que es un 10,4% superior a la del ejercicio precedente.
Este ahorro del 9,6% sobre la renta disponible se acerca más a la deseable horquilla del 15-20% que debe dedicarse al ahorro e inversión. En principio se podría decir que es una buena noticia, pero también un motivo de reflexión. Al margen de reproches clásicos como que los españoles sólo actúan en momentos de presión, hay que plantearse si realmente es positivo un incremento tan alto (el del cuarto trimestre previsiblemente será mucho mayor) de la tasa de ahorro. Es decir, ¿no se estará el ciudadano medio exigiendo demasiado, de tal forma que cuando esta presión externa (la crisis) termine volverá a sus antiguos hábitos de consumo y por lo tanto a ahorrar menos? Por muy simple que pueda parecer, ahí está la clave para que la crisis suponga un verdadero cambio en la forma de entender las finanzas personales o sólo una mala racha.
El hombre es un animal de costumbres al que no se puede pedir que cambie radicalmente su forma de actuar de un día para otro. Evidentemente, se puede pasar de gastar por ejemplo 500 euros a ahorrar 350 euros en apenas dos meses y mantenerse así un tiempo, pero no es lo aconsejable y rara vez se consigue que el cambio sea duradero. Todo lo relacionado con el control de las finanzas personales y la acumulación de patrimonio es en realidad una carrera a largo plazo en la que lo que de verdad funciona son los cambios sostenibles y duraderos. Y estos no se consiguen de la noche a la mañana, sino que requieren un proceso de aprendizaje y acomodo.
Excepto en casos de verdadera necesidad estos ‘ataques’ en los que se ahorra ‘de tacada’ un 25% del presupuesto suelen ser improductivos al margen de mostrar la capacidad para recortar gastos de forma puntual. Por eso, quizás es mejor reducir poco a poco el consumo y aumentar paulatinamente el ahorro. Se puede, por ejemplo, recortar un 10% el gasto cada dos meses. Así hay tiempo para asimilar unos pocos cambios cada vez y crear unos nuevos hábitos. Es decir, cambiar las pautas de consumo, que es lo que después permitirá que este esfuerzo se perpetúe en el tiempo hasta adquirir unas costumbres de consumo saludables.
Un buen ejemplo de estos cambios a largo plazo son las dietas: cuanto más severas menos posibilidades hay de que creen nuevas pautas de alimentación y por lo tanto más opciones de que, una vez alcanzado el objetivo de reducción de peso, se retomen los viejos hábitos y se vuelva a ganar peso. El llamado ‘efecto rebote’ tan temido por quienes apuestas por las dietas ultrarápidas también existe en el plano económico y es igual de desaconsejable para la salud de las finanzas personales. Como en los temas de ‘peso’, la constancia y la paciencia (perder ‘kilos’ o engordar la cartera poco a poco y no estar constantemente pendiente) son la mejor medicina.
Autor. José Trecet. Analista financiero de Financialred.com
Foto annia 316 en Flickr
Comentarios
Una gran verdad.