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En un momento en el que el mercado laboral atraviesa uno de sus momentos más duros es todavía más importante tener claro cómo se estructura nuestro sueldo para evitar sorpresas en caso de cambios de trabajo o de una oferta que nos permita abandonar. Lo más importante a la hora de pactar un sueldo ser muy claro a la hora de establecer la retribución que después recibiremos mes a mes. Aunque para buena parte de los españoles conceptos como el sueldo bruto y el sueldo neto son ‘de uso común’, muchos otros todavía desconocen exactamente su significado y esto termina siendo fuente de inagotables conflictos.
La forma más sencilla de definir el salario neto es como el dinero que efectivamente ingresamos cada mes, mientras que el salario bruto, también llamado líquido, es el total que figura en la nómina con las retenciones y cotizaciones adicionales. Este dinero que ‘desaparece’ de nuestras nóminas no tiene un sólo destino y la cuantía concreta varía en función de la situación personal, rango profesional y sobre salario de cada persona. El apartado de las retenciones se corresponde al dinero que Hacienda ‘se queda’ como previsión a lo que después habrá que pagar en el Impuestos de la Renta de las Personas Físicas. Se trata de un porcentaje que se actualiza de forma anual y siempre que se produce un aumento salarial. La forma más sencilla de calcularlo es utilizar la herramienta de ayuda que la Agencia Tributaria proporciona desde su página web. Las cotizaciones incluyen las cuotas de pago a la Seguridad Social, que se dividen entre las contingencias comunes, que suponen un 4,7% del salario total para todos los trabajadores y de desempleo y formación profesional, que varían en función de la situación contractual de cada empleado.
Todas las nóminas deben incluir por una parte el salario líquido o neto que percibimos junto con el total de devengos o cantidad bruta y las deducciones que se practican para que cada trabajador sepa cómo se estructura exactamente su sueldo. El problema en este sentido se plantea a la hora de negociar un nuevo contrato, ya que no siempre es fácil calcular cuál será el sueldo neto sólo con la cifra bruta y viceversa, lo que nos resta poder en la negociación. Existen diversas herramientas financieras para calcular cual será nuestro sueldo bruto y qué salario neto deberíamos percibir que son de gran utilidad para estos casos.
En estas negociaciones una de las dudas más habituales es si conviene pactar un salario neto o bruto. La opción más habitual es la segunda, si bien en muchos casos las conversaciones se hace en base al sueldo que se desea cobrar al mes. Al final depende de las preferencias de cada trabajador, pero ‘a priori’ pactar un sueldo neto puede terminar perjudicando al trabajador. En este caso lo que empresa y empleado firman es el pago de un salario neto fijo mensual que no varía independientemente de cambios en sus cotizaciones y retenciones. Es decir, si hay un cambio de ley que aumenta las retenciones el trabajador seguirá cobrando la cantidad pactada y será la compañía quien tenga que pagar esa subida.
En el fondo esta es la fórmula más sencilla para que no existan equívocos sobre la cantidad a cobrar cada mes. Sin embargo, esta seguridad también tiene su contrapartida para el trabajador. Y es que en caso de minoraciones de IRPF, es decir, un descenso en las retenciones, el también seguirá cobrando lo mismo y por lo tanto no se beneficiará de esa medida, al que por ejemplo ha ocurrido con la famosa ayuda de los 400 euros.
Autor. José Trecet. Analista financiero de Financialred.com
Foto Scottie T812
Comentarios
"Salario bruto, también llamado líquido" José, ¿estás seguro?
Deberíamos acostumbrarnos a pactar salarios brutos siempre.
Estoy de acuerdo. Pactar un salario neto no aporta más que complicaciones en el futuro.