
Una de las constantes de casi todo ser humano es que necesita un referente para saber si está actuando de forma correcta o no, especialmente cuando se trata de temas económicos. Por eso, cuando una persona se interna en el mundo de las finanzas personales lo primero que quiere saber es si está ahorrando de forma correcta o si puede hacerlo mejor. La forma más sencilla de responder a esa pregunta es hacer una nueva instantánea del estado financiero para determinar cuánto se ha conseguido ahorrar, hasta qué punto se está eliminando deuda y si realmente ha cambiado la distribución del capital. Es decir, volver al segundo estadio de la Guía sobre los siete pasos para hacerte con el control de tus finanzas personales o lo que es lo mismo recalcular el patrimonio neto.
La operación es relativamente sencilla. Por un lado hay que sumar todos los activos que posee una persona: patrimonio inmobiliario (casa) otros bienes (coche, televisor, etc) y el dinero en metálico (incluido el que está invertido en bolsa, depósitos bancarios y otros productos financieros). A esta cantidad hay que reatarle todas las deudas, dese la hipoteca hasta cualquier préstamo personal u otras obligaciones generadas por ejemplo por la tarjeta de crédito. La cantidad restante será el patrimonio neto en ese preciso momento, lo que puede traducirse como el estado real de nuestras finanzas.
El patrimonio puede ser negativo o positivo y tampoco hay que alarmarse si aparecen números rojos, sobre todo a edades tempranas. El coche y otros bienes duraderos como por ejemplo los ordenadores tienen la ‘gran’ cualidad de perder valor rápidamente, casi desde el mismo momento de su adquisición e incluso la casa puede incluirse dentro de ese apartado ante la quiebra del mercado inmobiliario. Además, tener deudas no implica estar arruinado ni mucho menos, sólo una situación que debe tratar de evitarse y mejorar (acabar con la deuda suele ser una de las primeras metas de cualquier plan financiero personal).

