
La creciente sofisticación del mercado financiero ha aumentando el número de productos a los que tiene acceso el inversor desde un plan de pensiones hasta un fondo de inversión pasando por los hedge funds. Las opciones para gestionar el ahorro son más que amplias y pese a todo hay productos que no pierden su vigencia ni su atractivo por mucho tiempo que pase. Este es el caso de los depósitos, todo un clásico dentro del panorama de gestión del pasivo, es decir, el dinero que el cliente deposita en la entidad para que esta lo custodie.
En primer lugar hay que distinguir entre dos tipos de depósito, a vista y a plazo. Los segundos son a los que habitualmente nos referimos cuando hablamos de depósitos bancarios, en tanto que los segundos son sobre los que se sustentan las cuentas corrientes, de ahorro y las cuentas vivienda. La diferencia principal es que en los primeros se puede disponer del dinero en cualquier momento sin ningún tipo de penalización. De hecho, esa es su principal función. Mientras, en los productos a plazos existe un periodo de permanencia del capital en el depósito previamente pactado. De todas formas, también suelen establecerse una serie de cláusulas que permiten a los clientes retirar el dinero antes de tiempo aunque casi siempre con algún tipo de penalización o comisión.
La operativa de los depósitos a vista es relativamente sencilla y casi todo el mundo le lleva a cabo todos los días sin apenas reparar en ella. Por eso, cuando se habla de depósitos bancarios generalmente es en referencia a los depósitos a plazo. Como se ha mencionado anteriormente, se trata de uno de los productos más veteranos de todo el sector que nunca dejará de estar de moda, especialmente para los inversores más conservadores. La principal característica de estas herramientas de ahorro radica en su fiabilidad. El cliente sabe que siempre recuperará todo su capital, salvo quiebra de la entidad bancaria. Además su liquidez, es decir, la capacidad disponer del dinero en cualquier momento, los ha convertido en uno de los refugios preferidos por los inversores en momentos de turbulencia en las bolsas. Esto es especialmente cierto en momentos de tipos de interés altos.
Existen diferentes tipos de depósito, empezando por la duración de los plazos. Antiguamente el tiempo de inversión se alargaba durante varios meses, pero ahora existen los llamados depósitos de alta remuneración, que ofrecen elevadas remuneraciones en un corto periodo (generalmente de un mes). Se trata de la mejor fórmula que cajas de ahorro y bancos han encontrado para hacer frente al inconveniente del plazo de inversión y una de las herramientas más utilizadas para captar nuevos clientes. En la actualidad existe una amplia oferta en cuanto al periodo de inversión que varía desde un mes hasta varios años dividido generalmente en tramos trimestrales. Para los espacios más largos suelen establecerse puntos de salida para el inversor en los que sólo perdería una parte de los beneficios estipulados, aunque cada entidad establece sus propias penalizaciones. De todas formas, algunos de los depósitos a plazos más largos y con mayores rentabilidades impiden sacar el dinero al inversor. En cualquier caso hay que tener en cuenta que en líneas generales cuanto mayor sea el plazo, mayores serán los beneficios. Y es que a las entidades financieras lo que les interesa es disponer de ese capital el mayor tiempo posible para sacarle rendimiento, tanto para sí mismo como para el cliente.
Cada entidad es libre de establecer la rentabilidad que desee así como el tipo de inversión con el la logrará. De esta forma, se pueden encontrar en el mercado depósitos que ofrecen un tipo de interés fijo (el cliente sabe en todo momento la rentabilidad que va a obtener por su inversión), variable (los beneficios se supeditan generalmente a un índice bursátil o cesta de acciones). En los últimos años se han sumado los llamados depósitos crecientes, que como su propio nombre indica ofrecen un paulatino aumento de la rentabilidades con el paso del tiempo, generalmente de forma trimestral. Lo mejor para conocer su rendimiento final lo mejor es preguntar por el TAE medio durante todo el periodo, ya que tomar sólo en cuenta la rentabilidad final resultaría engañoso.
El desarrollo del sector también ha dado lugar a la creación de los depósitos combinados, que consiste en juntar dos o más productos de este tipo. Una de las modalidades más utilizadas es la de aglutinar un depósito de alta remuneración con otro creciente. De esta forma, el primero de ellos cubre las deficiencias del segundo en lo que a rentabilidad se refiere durante el periodo inicial.
Por último se encuentran los depósitos en divisa. Se trata de productos denominados en otras monedas diferentes al euro. Las más utilizadas suelen ser la libra, el dólar, el yen y el yuan, pero el inversor puede elegir la divisa que desee. Su principal característica es que unen un componente de riesgo, ya que a la variación del tipo de interés hay que añadir el del tipo de cambio. Para mitigar estas contingencias, los bancos disponen de mecanismos como la contratación simultánea de seguros de cambio, que garantizan el tipo de cambio de la divisa al vencimiento del fondo. Eso sí, a costa de perder parte de la rentabilidad, que habría que destinar al pago de este seguro.
Ojo con las comisiones y la rentabilidad
Como en cualquier producto financiero, los depósitos llevan aparejadas una serie de comisiones que varían en función del banco o caja de ahorro pero cuyos conceptos suelen repetirse. Las más comunes suelen ser la de mantenimiento, especialmente en las cuentas de ahorro, aunque también existen otras como la de retirada de dinero mediante cheque o la de traspaso de fondos. Los depósitos no llevan aparejadas tantas comisiones, aunque sí hay que vigilar especialmente las penalizaciones por retirada temprana del capital que pueden ir desde la pérdida total de la rentabilidad hasta una comisión por el capital que puede llegar a rondar el 2%.
Las condiciones de retirada temprana deben de ser uno de los principales elementos a la hora de decantarse por un depósito junto con al rentabilidad y el periodo de inversión. Mientras que el segundo dependerá exclusivamente del horizonte personal que se plantee cada cliente y de sus necesidades específicas, en el cálculo del segundo hay que tener en cuenta ciertos aspectos relevantes. En este sentido, es necesario recordar que a la rentabilidad ofrecida por el depósito hay que restarle siempre el Índice de Precios al Consumo (IPC), que no es otra cosa que la subida del precio del dinero, además de las retenciones que practicará la Agencia Tributaria.
Actualmente tributan como capital mobiliario a un tipo fijo del 18% con independencia del plazo en el que se generen.
Autor. José Trecet. Analista financiero de Financialred.com
Foto | kozume
La verdad es que estoy utilizando la vía del depósito para intentar sacarle partido a mis ahorros, pero la verdad es que comparando con rentabilidades ofrecidas por otros bancos, que en no pocos casos ofrecen rentabilidades que rondan el 5,25%, mi banco que es el BBVA sólo me está ofreciendo un 3,75% en el depósito clic-e (en el que no interviene factor humano por ser online)… No es que se pida lo mismo, dado que no hay comisión por cancelación y porque hay más flexibilidad en plazos, pero el tipo de interés ofrecido es decepcionante.
La razón por la que las entidades ofrecen tipos de interés distintos en sus depósitos es bien sencilla. La calidad crediticia de cada entidad es diferente. Cuando los bancos y cajas acuden al mercado interbancario a financiarse, aquellos que tienen una calidad crediticia peor están obligados a pagar un tipo de interés mayor para obtener financiacion. Muchas de estas entidades prefieren financiarse con sus propios clientes, ofreciendoles un tipo superior al del mercado pero quizas inferior al que tienen que pagar a otros bancos para que les presten dinero.
Por tanto, las entidades que gozan de una mejor salud financiera, pueden obtener esta financiacion a un tipo inferior que aquellas que no la tienen.
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