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petroleo

Este trabajo pretende contribuir, desde una perspectiva informada, al debate existente en torno a la cuestión del pico petrolero y la sostenibilidad futura del modelo energético imperante. En concreto, el objetivo principal es favorecer la toma de conciencia general acerca del elevado grado de incertidumbre que existe en torno al potencial físico futuro de la oferta mundial de petróleo. Las principales fuentes de incertidumbre identificadas en este análisis se hallan, por un lado, en la falta de información contrastada acerca del volumen de reservas existentes, y, por otro, en la falta de un conocimiento preciso acerca de la tasa de declive mostrada por la oferta mundial de petróleo. La fiabilidad de las estimaciones disponibles acerca de estas dos variables se ve claramente mermada por la baja disponibilidad y calidad de los datos de partida utilizados.

El petróleo es un hidrocarburo de alto contenido energético originado hace millones de años. Desde su descubrimiento, a mediados del siglo XIX, las naciones del mundo lo han utilizado de manera creciente, hasta convertirlo en la columna vertebral del actual paradigma energético. A pesar de las ganancias de eficiencia registradas en los últimos treinta años, la población mundial depende del petróleo para cubrir más de un tercio de sus necesidades energéticas, una dependencia que resulta aún mayor en las economías más avanzadas y que encuentra su máximo exponente en el sector del transporte, donde el petróleo representa el 95% del consumo energético total.

La disponibilidad de petróleo abundante a un coste razonable es, por tanto, un requisito indispensable para el buen funcionamiento de la economía y el comercio mundial. Sin embargo, mientras que el consumo de petróleo ha aumentado más de un 43% en los últimos treinta años, el volumen de descubrimientos de petróleo convencional ha disminuido más de un 50%. Frente a un ratio de reposición de 2:1 a finales de los años setenta (dos barriles de petróleo descubiertos por cada barril consumido), hoy observamos un ratio incluso inferior a 1:3 (tres barriles de petróleo consumidos por cada barril descubierto).

Por ello, aunque el petróleo es un recurso abundante, su naturaleza finita, unida a los límites marcados por las posibilidades de extracción (actualmente sólo es posible extraer el 35% del total del petróleo descubierto en el subsuelo) y al fuerte crecimiento de la demanda mundial, sugieren que, en ausencia de mejoras tecnológicas significativas y/o una reducción muy considerable del consumo, la producción mundial de petróleo podría alcanzar un máximo global en las dos próximas décadas.

Existen estimaciones muy dispares sobre la probabilidad asignada a la materialización de dicho escenario (así como la fecha aproximada en que se podría producir). Como se verá, ello se debe principalmente a la falta de información adecuada acerca del valor y estado de las principales variables independientes que inciden en la estimación de la oferta futura de petróleo. Entre ellas, cabe destacar la cantidad y calidad de las reservas estimadas y la tasa de declive a la que la producción mundial decrecerá en el futuro por causas naturales.

En los años cincuenta el geólogo norteamericano K. Hubbert formalizó una teoría (la teoría de Hubbert o del pico petrolero) con la que predijo el pico de producción de los EEUU. En concreto, Hubbert afirmó que en la primera mitad de los 70 la producción de petróleo de los EEUU alcanzaría su máximo global en torno a los 3,5 millones de barriles al día (Mbd). Aunque la producción máxima finalmente alcanzada fue de 4,5 Mbd, el pico se produjo exactamente en el año 1970, para gran sorpresa de muchos. Ello, unido a sendas crisis petroleras de 1973 y 1980, contribuyó a agravar de manera significativa la preocupación por la cuestión del suministro petrolero futuro. Sin embargo, los bajos precios registrados a desde mediados de los ochenta hasta principios de los 2000, junto con el desarrollo de importantes yacimientos en el entorno OCDE, restaron casi todo interés al asunto.

Entre 2005 y 2008, el auge experimentado por las materias primas, especialmente el petróleo (el barril de Brent alcanzó un máximo histórico de 147 dólares en julio de 2008), volverían a situar a la cuestión en el centro de la agenda política y económica internacional. Pero la grave crisis financiera y económica mundial desatada en el verano de 2008 propició un ajuste brusco e inesperado de la demanda mundial. En menos de cuatro meses, el precio del petróleo había perdido el 60% de su valor, retomando niveles no observados con anterioridad a 2005.

Con todo, aunque en el corto plazo la urgencia por abordar la cuestión del desafío petrolero ha disminuido considerablemente, la preocupación por el largo plazo persiste entre la mayoría de expertos. Por un lado, queda claro que la situación actual de precios "bajos" (i.e., por debajo del coste marginal medio de producción, estimado en unos 70 dólares/barril), así como las dificultades encontradas por la mayoría de empresas petroleras para conseguir financiación, están conduciendo a una situación de baja inversión que podría mermar considerablemente la capacidad futura de la industria para hacer frente a una demanda recuperada de la actual recesión (ITPOES 2008). Por otro lado, el estancamiento observado en la producción de crudo convencional desde 2005 ha reabierto el debate en torno a la validez de la teoría del pico petrolero de Hubbert (Korpela 2006).

Se trata de un debate enormemente polarizado. A un lado del mismo se encuentra un colectivo integrado, en su mayoría, por geólogos e ingenieros ya retirados y reunidos al amparo de la Asociación Internacional para el Pico Petrolero (ASPO, fundada en 2000), y otras organizaciones no gubernamentales afines.2 Este colectivo, al que llamaremos "pesimista", considera que el volumen mundial de reservas de petróleo convencional restantes es inferior al comúnmente aceptado, por ejemplo, por organismos tan relevantes como la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Además, estiman poco probable que los nuevos descubrimientos sean lo suficientemente importantes como para revertir la tendencia decreciente observada en el ratio de reposición. Por todo ello, estiman que el máximo de producción mundial de petróleo convencional está próximo a ser alcanzado (si no lo ha hecho ya) y, aunque asignan un papel importante al petróleo no convencional (líquidos del gas natural y arenas asfálticas, por ejemplo), estiman que su potencial se verá seriamente limitado por factores económicos y medioambientales. En consecuencia, concluyen que la producción mundial de petróleo (incluyendo fuentes convencionales y no convencionales) podría alcanzar su máximo global antes de 2030, en un nivel de entre 90 y 100 millones de barriles al día (Mbd).

Al otro lado del debate se encuentran los detractores de la teoría del pico o "optimistas", quienes denuncian que las estimaciones pasadas acerca de la evolución de la oferta futura de petróleo mundial se mostraron sistemáticamente sesgadas a la baja (Lynch 2001). En su mayoría son economistas que consideran válidas las cifras oficiales acerca de reservas y tasas de declive y que fundamentalmente confían en los avances tecnológicos y las señales de precio para impulsar la producción mundial de petróleo más allá de los 110 Mbd en 2030. Algunos expertos incluso sostienen que el cenit petrolero no se alcanzará por restricciones de oferta, sino más bien por una disminución de la demanda debido a ganancias de eficiencia y/o la sustitución del petróleo por otras fuentes de energía superiores, tal y como ocurrió con el carbón en la primera mitad del s XX (Smil 2005).3

Aunque tradicionalmente este último colectivo había recibido el apoyo tácito de la industria y la mayoría de analistas y organismos públicos, el shock petrolero registrado entre 2005 y 2008 tuvo el efecto de reequilibrar la balanza a favor de las voces menos optimistas. A la multitud de libros escritos en torno a la cuestión del "peak oil", se unen las advertencias de la AIE y ciertos analistas, así como la preocupación de un número creciente de empresas petroleras.

Con independencia de la fecha exacta en que se alcance el pico petrolero mundial (un aspecto concreto no tratado en este trabajo), la mera posibilidad de que la producción mundial de petróleo pueda alcanzar su máximo en las dos próximas décadas plantea (junto con la lucha contra el cambio climático), el mayor problema de gestión global del riesgo de la historia económica moderna (Hirsch, 2005). Si la demanda no está preparada para reaccionar a tiempo, la potencial situación de desabastecimiento energético prolongado podría generar tensiones geopolíticas y económicas muy significativas, con costes asociados significativamente superiores a los implicados en la adopción de medidas preventivas (CME, 2007).

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Nota: Información proporcionada por el Servicio de Estudios de BBVA

Foto nestor galina

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